Incertidumbre y progreso

“El sentido del progreso desde mi obra”, M.D.S. 1975. (Enlace RAE)

“El sentido del progreso desde mi obra”, M.D.S. (Enlace Plataforma para la defensa de la Cordillera Cantábrica) 1975.

El mero hecho de que en el año 75, cuando la amenaza permanecía aún latente; un literato realizase su entrada en la Academia respaldado por la Biología resulta, cuanto menos, inusual.

Ilustraciones de Celestino Piatti.

“Un cazador en la academia; pero, ¿cómo es eso posible?” Se dijo sobre Delibes poco antes de que pronunciara este discurso. Y, desde mi humilde opinión, precisamente eso fue Delibes. Un cazador en la Academia; un hombre que planteó que a la preocupación por los asuntos que concernían al hombre, debía sumarse la relevancia de aquéllos que concernían al mundo, al medio. Que mediante palabras que, podría decirse, apelaban directamente a nuestro raciocinio; nos incitaba a reflexionar sobre una actitud que nos llevaría a la inminente auto- destrucción.

La preocupación por la sostenibilidad del progreso fue siempre una de sus cualidades intrínsecas. Así lo manifestó en muchas otras de sus obras, como El camino o El mundo en la agonía ; transcripción del discurso susodicho, que cuenta con un incuestionable trabajo de ilustración por parte de Celestino Piatti. El empleo en éste de “palabras mayores”, como son los testimonios y citas del economista Heilbroner, los redactores del Manifiesto para la supervivencia o el filósofo André Gorz (bajo el pseudónimo de Michel Bosquet); no pretende sino reforzar la importancia del asunto a tratar,  que bien podría haber sido desprestigiado en boca de “un humilde amante de la tierra”.

Personalmente, y coincido con Delibes; “no importa tanto la inminencia del drama como la certidumbre de que caminamos hacia él”. No me aflige ni consterna de semejante forma la continua emisión de gases contaminantes, la presencia en océanos y mares de islas artificiales flotantes, la extinción diaria de miles de especies; como el que nadie esté dispuesto a frenarlas. Lo que es aún peor,  que aquél dispuesto a intentarlo no sea nunca escuchado.

En resumidas cuentas; quizá era precisamente eso, de lo que hablaba en un principio, lo que “el moderno hombre de los siglos vigésimos” necesitaba. Un cazador en la Academia, una llamada de auxilio; que nos recordara que somos los únicos seres capaces de llevarnos a todos a la extinción.

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