Ironías, Juan José Millás

Enlace al artículo “Ironías”, El País, Juan José Millás.

Nos encontramos ante un artículo de opinión, publicado por Juan José Millás en noviembre de 2011, en el diario El País.

En efecto, éste se escribía en uno de los años más crudos y cruciales de la recesión económica. Las cifras de la EPA oscilaban entre en 20,4% y el 21,8% de desempleo; por primera vez, el número de desempleados en España superaba los cinco millones doscientos setenta y tres mil.

Eran otros tiempos, no me cabe duda. Pues, en los escasos años que nos separan de esta fecha, hemos tenido el placer de oír a políticos de todos los partidos y colores regalarnos los oídos con expresiones como recuperación económica. Curioso, cuanto menos. Pues, de acuerdo a los mismos datos ofrecidos por la encuesta EPA, España cerraba el año 2015 con una cifra del 20,90%; equivalente a cuatro millones setecientos setenta y nueve mil parados.

No me atrevo a dudar de la alta capacidad para el cálculo y el análisis de nuestros dirigentes. Es innegable e irrefutable que cuatrocientos noventa y cuatro mil nuevos puestos de empleo separan ambas cifras. Pero, en un país que lidera la tasa de desempleo juvenil de Europa, con setecientos setenta y cinco mil (49,6%) de menores de veinticinco años; perdonen la insolencia, pero yo no me atrevería a hablar de recuperación, mucho menos de éxito. No digamos si entramos en terreno de precariedad laboral.

Aunque, debemos realizar labor de empatía. Debe ser muy fácil para ellos. Debe de ser terriblemente sencillo trabajar con cifras en lugar de personas; ver la solemne cantidad de cuatro millones de personas y sólo apreciar un porcentaje descendente. Un nuevo logro, una medalla más que colgarse en el pecho. Eso, claro, fuera de campaña electoral. Cuando dejamos de existir las personas de a pie.

En lo que a mi persona compete, opino de la recuperación económica un poco lo que el novelista británico, Kingsley Amis: «de todos los infiernos, el peor es el del conformismo».

El número de españoles, especialmente jóvenes, que cruzan cada día la frontera española supera las cifras de la Guerra, la Posguerra y toda la España franquista. Jóvenes que se marchan, casi exiliados, con cuatro carreras y cinco idiomas debajo del brazo. Menos mal que, a ellos,aún no se nos ha ocurrido ponerles una valla. Quizá, ante esta fuga de cerebros, sea hora de plantearnos seriamente si este problema debe preocuparnos más allá del cine. Si de algo sirve reclamar una educación digna cuando ésta no tiene salida alguna.

Quizá, como afirma Millás, necesitemos un profeta de la dicha; pues, ante tal choque frontal con la realidad, puede quedarnos sólo la esperanza. La confianza o la risa. La sátira política frente a la greña ideológica. Las ironías.

Entre tanto la razón, el intelecto, el ingenio, la inteligencia, el esfuerzo, la agudeza, la capacidad, la perspicacia; siguen haciendo las maletas.

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