¿Qué pasa con el periodismo?

¡Masa, despertad, estáis alienados!

“El científico social es un arqueólogo subversivo”, en el sentido estricto de la palabra, ‘sub-vertere’, que da la vuelta a las cosas y busca un sentido. La realidad por sí misma no es racional, la racionalidad se le otorga quien la mira. Sin esa racionalidad no hay mundo.

Recientemente tuve la oportunidad de asistir a unas jornadas donde se abordaría el papel de la comunicación en el mundo actual, el nuevo paradigma de la información, y una de las cuestiones planteadas que suscitó más interés en mi persona fue la disyunción entre objetividad y periodismo. Como periodista neófita de vocación aún difusa, el código deontológico se alza hoy como uno de mis mayores y más respetables referentes; y sin duda, uno de los pilares fundamentales sobre el que se sustenta es la “objetividad“.

Perseguir la objetividad aunque se sepa inaccesible“, “distinguir claramente entre información y opinión“. A priori, nobles propósitos claramente identificables y por ende distinguibles, sobre los que dictamos cátedra con rapidez: ni izquierda ni derecha, ceñirse a la realidad, contar “la verdad”, no engañar y, sobre todo, no manipular.

La realidad. Uno de los elementos sobre los que parece haber menor dificultad en el acuerdo. Lo objetivo, “lo que es, es lo que es”. Pero, ¿qué es la realidad, sino una construcción a raíz de lo real? A partir de la interpretación de discursos e intervenciones. Y lo más importante, ¿cómo afrontar este paradigma de la inexistencia de lo real? O mejor, de la ausencia de una única realidad objetiva y canónica.

Lo real se resiste, siempre se resiste. Entonces, ¿qué hacer? Qué rol debe tomar el periodista en esta pugna ideológica. Y aquí he de posicionarme junto a Javier Gallego, cuando habla del “periodismo como contrapoder, y no como cuarto o primer poder“.

Javier Gallego: “El periodismo no tiene que ser el cuarto poder, sino el contrapoder.”

La concepción de los medios de comunicación como fiel reflejo de la realidad debe desestimarse, porque la misma idea de “la realidad”, una única realidad, debe igualmente ser desaprobada de manera colectiva. Para el relato de unos acontecimientos deben tenerse en cuenta los propios factores, la predisposición humana a conocer, que ya otorga un matiz interpretativo (que no necesariamente valorativo) sobre el mundo real. Y en esta coyuntura reside la respuesta, en interpretar sin valoración; ser crítico sin ser sectario, ser poco objetivo, sí, pero íntegramente subjetivo.

Y si bien estas declaraciones pueden recibir acusación por partidismo o ideologismo, incluso, es necesario afirmar que no existe más evidente mecanismo totalitario que la transparencia; que se abogue más a la labor del adoctrinamiento, más inhumano. La variedad, la diferenciación y la interpretación son valores intrínsecamente humanos, al igual que la valoración, y el periodismo se equivoca cuando intenta alcanzar la superioridad moral, la objetividad inabarcable para los “ciudadanos de a pie”.

Uno de los pecados de la modernidad es la sublimación del individuo, que comienza a considerarse una patología.

-Luis Alonso

Absolutismo ontológico y constructivismo

Absolutismo ontológico: corriente filosófica que defiende la existencia de una realidad externa e independiente del individuo (absolutismo ontológico), así como la posibilidad de conocerla (absolutismo epistemológico).

Constructivismo (epistemológico): corriente filosófica que sostiene que la realidad es una construcción en cierto grado «inventada» por quien la observa.

En la actualidad, nos encontramos – erróneamente – en un absolutismo ontológico que nos avoca al fracaso. Es estrictamente necesario reorientar a los medios de comunicación masivos hacia el  constructivismo: hacia una postura concreta, explícita y defendible.

¿Cómo?

Llegados a este punto, resulta inevitable establecer una correlación de la labor del periodista con la tarea del historiador: ambos construyen; pero, ¿dónde encontramos aquí el error del absolutismo ontológico? El historiador deja constancia desde un primer momento de que aquello que realiza es una interpretación. Por ello, el periodista (el periodismo) crea, pero es su obligación informar al lector de que está creando. Hemos de aspirar a la objetividad, siempre, pero partiendo de la base de que es inconcebible.

Es en este ámbito donde resulta fundamental la aportación/innovación del “nuevo periodista”, que debe procurar dar a conocer al lector, en todo momento,  sus intenciones; alejándose tanto del aleccionamiento como de la redundancia, el rechazo.

Y lo más importante, ¿por qué?

Porque las posturas, los posicionamientos son necesarios; así como la variedad de éstos, la posibilidad de elegir; y, si de utopías debe hablarse, contemplaríamos incluso la posibilidad de incentivar al lector a investigar los medios no afines a su ideología (lo que no quiere decir, subvencionados ni dirigidos por el partido “opuesto”).

Porque necesitamos radicales en lo que a investigadores que vayan a la raíz del problema se refiere, más allá de la “necesidad de inmediatez”, de la última hora indispensable.

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