Sobre opiniones y qué hacer con ellas

No debe edulcorarse bajo la verdad irrefutable de que cada uno de nosotros cuenta con una opinión propia (lógico) sobre, prácticamente, cada uno de los asuntos mundanos que en mayor o menor medida nos competen; el hecho de que, en nuestra cotidianidad, tendemos a ser ínfimamente críticos con ésta (inadmisible).

Así, y presentando el que me ha parecido, a día de hoy, el ejercicio más enriquecedor y lógico llevado a cabo en la universidad, os presento dos columnas de opinión, a favor y en contra respectivamente, en torno al tema del aborto. No es necesario aclarar que cuento con mi opinión formada al respecto (que en este caso es estar a favor de la vida y, por tanto, completamente a favor del aborto) y que, por crítica que pueda ser con ella, no está entre mis planes cambiarla o renegar de ella parcialmente; sin embargo, tras esta actividad de reflexión considero que ahora puedo defenderla de forma más coherente y completa. Animo a todo el mundo a realizar la actividad con el tema que prefiera.

Derecho a la vida, derecho a decidir qué hacer con ella

1.      Dicho de una hembra: Interrumpir, de forma natural o provocada, el desarrollo del feto durante el embarazo.

Si, en el caso de vivir en una sociedad aislada, otro planeta, un individuo decidiera averiguar qué es realmente ese “aborto” del que hablan en la Tierra, ésta sería la primera definición que encontraría en el diccionario de la Real Academia Española.

La alusión al aborto, a su aceptación o rechazo, como un problema sistémico, encuentra su máximo exponente en este hecho: paternidad y maternidad. La misma ausencia de una palabra que englobe la tarea compartida de criar a un hijo, bien sea entre un padre y una madre, dos madres,… Es el germen del problema.

La interrupción del embarazo es una actividad intrínsecamente ligada a la mujer, así  la han hecho ser los hombres a lo largo de la historia, como afirma el médico y profesor Miguel Lorente “al dejarlas como una especie de electrodomésticos programados”; por lo que sorprende que el mayor número de críticas que este proceso recibe sean profesadas por ellos (véase el “holocausto silencioso” del obispo Reig Pla, que llegó a compararlo con la Guerra Civil). Si existe una sola plaga en nuestra sociedad actual con un alcance mayor que el puritanismo es la falta de empatía.

Pero, y como decía Lenin, “¿qué hacer?”, cómo solucionar esta pugna. He aquí una propuesta para todos aquellos que crean en el “derecho a la vida”: dejar (en paz) a las mujeres ejercer su derecho,  y por tanto, decidir qué hacer con ella. Comprender que una mujer aborta no por gusto o tedio, sino por problemas de índole personal que sólo a ella conciernen, y cuyas secuelas a veces demoran toda una vida en desaparecer. Conciliar.

La legitimidad de arrebatar la vida a un ser humano

            El auge de los movimientos feministas tanto a nivel mundial trae consigo la semilla de una idea que, si prolifera, puede causar el derrumbe de los cimientos de nuestra sociedad actual, tal y como la conocemos, democrática.

La legitimidad de arrebatar la vida a un ser humano no es un derecho y no puede serle otorgado a nadie, bajo ninguna circunstancia. De acuerdo a los datos que los avances científicos nos aportan hoy, el embrión –hasta la octava semana– y el feto –a partir de la novena– es un ser humano singular, distinto e independiente de la madre; hecho con el cual quedaría desmontado el lema por antonomasia de todas las fidedignas defensoras de este homicidio silencioso.

Otro de los argumentos más sonados, la “necesidad” de abortar cuando el niño no nacido presenta malformaciones graves, se trata de una forma de discriminación aceptada que contradice todas las premisas de integración y desarrollo del S. XXI. Al margen de esto, la terminación del embarazo practicada sobre fetos vivos por motivos de riesgo fetal, supone tan sólo un 3% del total de abortos en España; según fuentes de análisis cercanas al periódico. Es decir, si bien la excepción no es siquiera aceptable o razonable, resulta intolerable “hacer de la excepción la regla”.

Finalmente, el tan polémico “aborto en caso de violación” que se alza como máxima del ideal progresista, quedó desmontado en el estudio “The Sorrow of Sexual Assault and the Joy of Healing” (2011) elaborado por el doctor David C. Reardon, Julie Makimaa (concebida por violación) y la editora Amy Sobie; donde el 69% de las entrevistadas (de un total de 192) respondió que seguiría adelante con su embarazo en estas circunstancias porque “nunca es culpa del niño”.

 

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